Traumatismos faciales y cirugía reconstructiva

Cuando eras niño, ¿alguna vez te hiciste un ojo morado, te rompiste un diente o te lastimaste la mejilla? Si es así, es posible que hayas sufrido un traumatismo facial (¡esperemos que leve!). Sin embargo, en muchos casos, el traumatismo facial puede ser grave. Entre sus principales causas se encuentran los accidentes automovilísticos, las lesiones deportivas, los accidentes laborales, las caídas y los actos de violencia. Cuando se produce una lesión facial grave, es fundamental recibir atención inmediata e integral. Por eso, los cirujanos orales y maxilofaciales están de guardia en la mayoría de los centros de urgencias y traumatología.

El traumatismo facial, en general, implica lesiones en las estructuras de tejidos blandos o duros de la cara, la boca o las mandíbulas, incluyendo los dientes, los huesos maxilares y faciales, y los tejidos de la piel y las encías. También puede requerir el tratamiento de regiones especializadas, como el área alrededor de los ojos, las glándulas salivales o los nervios faciales. Dado que las lesiones faciales pueden afectar no solo la capacidad de una persona para realizar funciones vitales básicas (comer, ver, etc.), sino también su apariencia, el tratamiento suele tener un importante componente emocional, además del físico. Sin embargo, tras completar un extenso programa de formación, los cirujanos orales y maxilofaciales están capacitados para tratar la totalidad de las lesiones faciales.

Tratamientos para lesiones faciales

Algunos traumatismos faciales son relativamente leves. Uno común ocurre cuando un diente se afloja o se cae (avulsión). En muchos casos, si se trata de inmediato, el diente se puede reimplantar con éxito en la mandíbula. Si esto no es posible, la colocación de un implante dental suele ser la forma más eficaz de reemplazar un diente perdido.

 

Otro tipo de lesión relativamente común, pero más grave, puede implicar una fractura de los huesos faciales, incluidos los pómulos, los maxilares superior o inferior, o las órbitas oculares. En principio, su tratamiento es esencialmente el mismo que el que se utiliza para una fractura de brazo: recolocar los huesos en su posición correcta e inmovilizarlos. Pero como no es posible colocar una escayola en la cara, se utilizan diferentes técnicas de inmovilización. Un método consiste en unir los maxilares superior e inferior con alambres para que cicatricen en la alineación correcta; alternativamente, se pueden usar placas y tornillos para fijar permanentemente los huesos.

 

El traumatismo facial grave suele ser una afección crítica, ya que más del 60% de estos pacientes también presentan lesiones graves en otras partes del cuerpo. De hecho, muchas de las técnicas estándar utilizadas en los centros de traumatología fueron desarrolladas por cirujanos maxilofaciales durante las guerras de Corea, Vietnam y Oriente Medio. Restablecer la respiración, controlar la hemorragia y evaluar el daño neurológico son las principales prioridades. Posteriormente, se realiza la mayor parte posible de la cirugía reconstructiva en una sola intervención.

Prevención del traumatismo facial

¿Cuál es el mejor tratamiento para un traumatismo facial? La prevención. Usar siempre el cinturón de seguridad, utilizar cascos y equipo de protección adecuados al practicar deportes y evitar situaciones peligrosas (como conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, cansado o distraído) son medidas fundamentales para mantenerse a salvo. Si practica actividades deportivas que conllevan riesgo de lesiones faciales, use un protector bucal que le quede bien ajustado; este pequeño dispositivo de protección puede evitarle muchos problemas.

 

Pero si usted (o alguien a quien cuida) necesita ir a la sala de emergencias por una lesión facial, asegúrese de solicitar una consulta con un cirujano oral y maxilofacial para recibir la mejor atención y obtener el mejor resultado posible.

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